02 enero 2007

Queridos Reyes Magos;

Cuando sentimos que algo grande nos va a llegar contamos los días que faltan; la cuenta atrás suele ser mayor cuanto mejor es lo que esperamos. Esa espera inquieta de algo que amamos es la ilusión. La ilusión transforma la espera en esperanza. El ser humano tiene algunas necesidades sin las cuales se hace difícil su vida, una de ellas es tener ilusiones. De hecho cuando los pacientes deprimidos intentan describir su estado de ánimo, la expresión más utilizada es la de "no tengo ilusión por nada". Por el contrario, cuando una persona está radiante de felicidad solemos decir que está muy ilusionada.
Curiosamente, la misma palabra, ilusión, significa engaño, irrealidad. Ocurre entonces que los sentidos o la imaginación nos juegan una mala pasada y nos llevan al error. Incluso podemos utilizar como casi un insulto la palabra iluso, equivale a decir que alguien es fácilmente engañable y que cualquiera "se queda" con él. Así es el pobre Don Quijote para sus cuerdos amigos, empeñados en que abandone la locura y vuelva a la realidad. Quien haya captado la esencia del Quijote siente una cierta tristeza cada vez que sacan al hidalgo caballero de su locura. Y no es que la locura sea bella, soy psicólogo y por lo tanto no tengo una imagen romántica de la locura, pero hay cuerdos demasiado cuerdos. No sólo de razón vive el psiquismo del hombre, precisa también de imaginación, de fantasía, de magia, de ilusión, de un toque de locura.
Los niños, esos locos pequeñitos, creen en los Reyes Magos y la mayoría de los padres alimentamos y protegemos esa creencia. Algo nos dice que es bueno para ellos. Instintivamente advertimos que para su felicidad se precisa la ilusión y la inocencia. Algunos adultos, en mi opinión demasiado racionales y sesudos, piensan que no es sano engañar a los niños, que hay que ser realistas y no fomentar su ingenuidad. Yo creo, sin embargo, que a los adultos nos conviene mantener una parte de niñez, donde siempre habite la ilusión. Es bueno que existan los Reyes Magos y si no existieran habría que inventarlos.

1 Comments:

Anonymous Anónimo Escribió³...

Yo, de pequeña, me peleaba con mis amigas porque decían que los Reyes Magos no existían, y yo me empeñaba en que sí. No me podía creer que ellas fueran tan ignorantes como me parecían. Mis padres me decían que sí que existían, que no les hiciera caso.

Creo que mis padres tenían más ilusión yo misma. Al cabo de unos pocos años, claro, se acabó, y tuve que darles la razón a mis amigas.

Pero esa época de ilusión por los Reyes la recuerdo con muchísimo cariño, con mucha magia. Mis padres ponían copas de coñac para ellos y lechuga para los camellos. Al día siguiente, el coñac no estaba y la lechuga aparecía mordisqueada. Y yo me sentía la más feliz de las niñas por haberle dado de comer a los camellos de los Reyes Magos...

Qué tiempos de inocente ingenuidad y de plácida ilusión. Si un día tengo hijos, me gustaría que tuvieran esa misma ilusión que yo tuve por los Reyes Magos. No es tan malo, ni tan terrible dejar que la inocencia invada la infancia, los niños tienen derecho a creer en la magia. Ya se harán adultos para enfrentarse con la triste realidad...

¡¡ FELICES REYES !!, Y QUE "OS TRAIGAN" MUCHOS REGALITOS...

9:07 a. m.  

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