01 noviembre 2006

Los conflictos

La palabra conflicto procede de la latina confligere, que significa chocar. Conflicto es choque, lucha, combate; también llamamos conflictiva a una situación confusa, de difícil salida; y también denominamos conflicto a un problema, a una discusión. Hay conflictos intrapsíquicos, interpersonales y sociales.

Allí donde haya una frontera, un límite, una línea divisoria habrá siempre la posibilidad de un conflicto. Establecemos fronteras entre países, entre culturas, entre instituciones, entre familias, entre personas; y dentro de nosotros mismos distinguimos entre cuerpo y alma, entre psíquico y somático, y con cada distinción marcamos una línea y en cada línea la posibilidad de un conflicto. Algunas fronteras las consideramos artificiales, convencionales; mientras que otras las creemos naturales e inevitables. No entraremos en profundidad en este tema apasionante que desarrolla magistralmente Ken Wilber en su libro 'Sin Fronteras', baste decir que, inevitables o no, estamos rodeados de fronteras, de límites y por lo tanto de conflictos reales.

Los conflictos intrapsíquicos son conflictos internos, establecidos entre instancias de nuestra propia personalidad, en las mismas entrañas del yo, cuando la razón dice una cosa y el corazón dicta la contraria. El problema es a veces mayor porque con la cabeza queremos una cosa, con el corazón otra y con las tripas, con el hara, visceralmente, otra distinta. Y si dentro de nosotros mismos donde las fronteras no son muy marcadas, hay conflictos, cómo no los habrá entre personas, entre instituciones y entre civilizaciones.

Creo que la diferencia esencial entre las personas satisfechas y las que no lo están, no estriba tanto en el número y seriedad de los conflictos que tengan, sino en la forma de afrontarlos y de resolverlos. Todo conflicto, toda crisis, es una oportunidad para crecer. No existe crecimiento personal, ni progreso social sin crisis y sin el desarrollo de la capacidad para abordar los conflictos que ineludiblemente nos traerá la vida. Superar el conflicto no es volver a la situación anterior, eso se parece a una simple contención, la superación verdadera supone siempre un nuevo nivel, un quantum de crecimiento. Pero en todo conflicto hay que aceptar también cierto dolor, cierta frustración, incluso si el conflicto es de elección entre dos opciones positivas y ambas deseables, la frustración se llamará entonces renuncia.

4 Comments:

Anonymous Belen Escribió³...

Creo que vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar una respuesta a las crisis que nos va planteando nuestra existencia. Es decir, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada momento particular. La Vida no es algo vago e indeterminado, sino algo real y concreto que va configurando el destino de cada uno de nosotros. Es a cada uno de nosotros a quien le toca decidir y superar nuestros conflictos y nuestras crisis, que en ocasiones, suponen dolor y sufrimiento, pero que nos llevan a descubrir un nuevo sentido para nuestra Vida y adquirir un nivel superior de conciencia, puesto que nos transcendemos a nosotros mismos. En esta decisión tendremos que hacer uso de nuestra libertad y tendremos que tener en cuenta también nuestra responsabilidad. Porque la libertad es la mitad de la verdad, la otra cara de la verdad es la responsabilidad. Lo importante no es lo que nosotros esperamos de la Vida, lo importate es quizá lo que la Vida espera de nosotros.

6:58 p. m.  
Anonymous Ángel Escribió³...

Este es uno de los artículos que más me ha gustado, tanto en fondo como en forma. !Felicidades!.
Comentar que hay personas más conflictivas que otras; algunas, por casi todo, ven motivo de conflicto y otras, sin embargo, creo que las menos, se pelean por muy pocas cosas. Creo que a ser conflictivo se aprende, y, tambien, se puede desaprender. Creo que puede haber cierta correlación entre la conflictividad de cada persona y su nivel de frustración.
Creo que no nos enseñan ni bien ni lo suficiente para "estar en paz y aportar paz" y, que, además, no nos entrenamos en practicar lo poco que sabemos de éllo. Pero al igual que aprendemos a ser conflictivos (como, muchas veces, a ser depresivos y ansiosos), estoy convencido que podemos aprender a estar más en paz, entrenándonos, entrenándonos, cotidianamente, no sólo hablando de la paz. Abrazos, Ángel

2:03 p. m.  
Anonymous Bárbara Escribió³...

Estoy de acuerdo en que lo que diferencia a unas personas de otras es la manera en que solucionan sus problemas.
Perdoname si te digo que un señor que esta en crisis y se esta planteando divorciarse de su esposa con la que además tiene unos preciosos hijos, el hecho de separse y superar esa crisis, no supone para él ningún crecimiento personal. Supone una crisis aún mayor. Tiene que seguir trabajando, quizá pagando la hipoteca de una casa donde no va a vivir, pagar la pensión a sus hijos además de buscarse una casa para vivir él. Además puede sentirse frustrado pues no llegue a todo ello. Así que en este caso, por mucha crisis que finalmente el buen sr. pueda o no superar, le queda una situación que atender que vamos...
En cuanto a que el corazón quiere una cosa y la razón otra, conviene siempre (bajo mi punto de vista, claro) hacer caso a la razón. El corazón no entiende de razones ni lógica y puede traerte muchos dolores de cabeza. Esto no quiere decir que yo sea de piedra, pero cualquiera a podido estar en esa situación alguna vez... El corazón no piensa y puede engañarte, la cabeza, nunca.

5:03 p. m.  
Anonymous Anónimo Escribió³...

Genial, yo también veo mucha profundidad en este artículo para el poco espacio que le dedicas.
Angel creo no equivocarme al decirte que a ser depresivo no se aprende, sino que se es. Sin embargo creo que podemos aprender a ser menos depresivos.

6:15 p. m.  

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