03 noviembre 2006

Los Conflictos II parte

Los conflictos son inherentes a la vida, forman parte de ella. Los hay, decíamos el otro día, intrapsíquicos, interpersonales y sociales, de todo tipo y condición. Pero hay personas que no los ven, que no quieren verlos, que viven como si no existieran. Son los 'avestruzman' o las 'avestruzwoman', individuos para las que nunca pasa nada, aunque se esté produciendo un terremoto de nueve grados en la escala de Richter.
La estructura fóbica es la esencial en esta personalidad tipo avestruz. El rasgo fundamental y característico es la evitación, se trata de no enfrentarse a lo temido y vivir como si ese algo no existiera. El miedo les lleva a cerrar los ojos ante la evidencia, a negar lo manifiesto, lo patente. Los fóbicos tienden, curiosamente, a sonreír ante el peligro, ante el conflicto, ésa es su forma de negarlo. En el otro extremo del arco están los que viven en conflicto permanente, tienen como lema el dime que opinas, que me opongo. A esta actitud se le llama en Psicología ir en contra corriente y se suele señalar como propia de la adolescencia, pero creedme que está presente en muchos de nosotros que nos llamamos adultos, "invitados" y en la dinámica de muchos grupos y colectivos. ¿Habéis visto alguna vez a la oposición parlamentaria, a ésta y a cualquier oposición parlamentaria, en actitud no contradependiente? Detrás de toda actitud contradependiente hay altas dosis de frustración por la dependencia que niegan y que sufren. La frustración se traduce en agresividad hacia el padre simbólico del que aún dependen.
Creo que no conviene ni negar los conflictos, viviendo como si no existieran, ni azuzarlos y vivir instalados en ellos. Los conflictos hay que reconocerlos, abordarlos y resolverlos, si es que tienen solución, o asumirlos si no tienen solución, que también es una forma de superarlos. Hay mil formas y maneras de enfrentarse a los conflictos, dependiendo del tipo y la gravedad de los mismos. Pero básicamente hay dos posturas, los que propugnan soluciones drásticas, radicales y los que no. Los hay que prefieren la revolución, el hay que cambiarlo todo, y otros que preferimos la evolución, el crecimiento sin rupturas. Entre la tesis y la antítesis me quedo con la síntesis. Quizás detrás de esta opción no haya otra cosa que el abandono de la juventud y la entrada de lleno en la edad de carroza o como dice una amiga, de "madurito interesante".

4 Comments:

Blogger Ignacio Escribió³...

Querido amigoji, como siempre un placer leerte. Me gusta esa división en base a cómo afrontamos los conflictos…
Aunque, tal vez la forma que tenemos de vivir es la forma que tenemos de afrontar (que no resolver) el mayor de los conflictos: VIVIR.
Un gran amigo me dijo en una ocasión que cada problema tiene miles de soluciones…, que nosotros sólo tenemos que encontrar una…, y que la que elegimos lo dice todo de nosotros…

"Las cosas que nos suceden no importan…
Lo que importa es 'aquello en lo que nos convertimos'
debido a lo que hacemos (cómo nos comportamos),
ante aquello que nos sucede"

11:09 a. m.  
Anonymous Ángel Escribió³...

Otro buen artículo, en mi opinión, y cuando son dos, seguidos, ligados, complementarios. mesurados...creo escuchar olés que rompen el silencio expectante, olés que reconocen la Maestría "de lo bien llevado y de lo bien traído", el toro temático, templado y embebido en la muleta que nos muestra el arte del torero; no es posible el arte sin técnica, lo contrario sí.
Quizás en otras "tandas" pudieras "pintar" otras perspectivas de lo conflictivo que, sin duda, tendrás en tu "repertorio"; estas dos, "apuntan maneras".
Lo conflictivo, creo, es una de las "materias" con las que siempre, en toda nuestra vida, nos encontramos los humanos. Los conflictos no cesan, nos son inherentes; hay quien pierde la vida por ellos, hay quien los resuelve técnicamente (digamos, adecuadamente), hay quien los usa como intrumentos para el "arte existencial", hay quien los vive como maldición y quien los vive como bendición, hay quien los ve venir y quien los ve cuando pasaron, hay quienes los favorecen y quienes los ahuyentan...sí, tambien hay "avestruces" y posicions "sintéticas" ante éllos, tambien hay quien los enfrenta "quedándose quieto" y, esa quietud, no necesariamente
es evitativa ni fóbica...hacer sin hacer, tambien es posible. Abrazos, Ángel

8:50 p. m.  
Anonymous Belen Escribió³...

Tomar decisiones no es fácil, menos todavía drásticas, especialmente cuando nuestra decisión afecta a otros, que generalmente siempre suele afectar. En tal caso, uno debe preguntarse si la vida es únicamente nuestra, o si realmente somos responsables también de la vida de quienes nos rodean. Y mejor que pensarlo, sentirlo. Porque cuando es el sentimiento el que decide, la decisión es más auténtica, nos convence más, que cuando la moral decide por nosotros.. Creo que las decisiones no depende de la edad que tengamos, depende más bien de los sentimientos que nos acompañan, y esos sentimientos serán los que nos ayuden también a superar la frustración, que de algún modo, nos pueden causar nuestras decisiones. Yo soy también de las que prefiero la evolución, el crecimiento sin rupturas, como tú dices, dejo siempre que sea la Vida la que tenga la última palabra, porque la Vida también juega un papel importante.

8:09 p. m.  
Anonymous A.B. Torres Escribió³...

Supongo que habrá distintos tipos de personas en función de cómo afronten los conflictos y si los buscan, los rehuyen o gestionan. Además de eso, creo que en ocasiones buscamos o rehuimos los conflictos según nos encontramos en cada momento, ya sea una etapa de la vida o una mañana cualquiera, porque, imagino, el estado de ánimo también afecta a esta cuestión.
En el anterior post alguien pedía alguna comparación entre dilema y conflicto. Supongo que no existe dilema exento de conflicto, más o menos grave y que no todo conflicto viene originado por un dilema ... o si? No sé, la verdad. Un dilema implica una elección entre dos cosas excluyentes (creo). Si esto es así, casi todas las elecciones son dilemas (o trilemas,...) y, consecuentemente, potenciales conflictos. Y cada día nos enfrentamos a unas cuantas elecciones... mal asunto, este camino.
Para Bárbara: tienes razón respecto a lo del divorcio, pero pienso que sin crisis no hay evolución. Y no tiene porqué ser una evolución positiva, si esa crisis no se supera. Pero si es así, me parece que sí se produce el crecimiento. "Lo que no te mata, te hace más fuerte". Por otro lado, yo prefiero hacerle caso al corazón que a la cabeza. ¿Sabías que tiene más de 50.000 terminaciones nerviosas independientes del cerebro y sistema nervioso central? Creo que es capaz de decidir y pensar por sí mismo y he leído algún artículo en el que se le atrbuye un conocimiento más de tipo sensorial o intuitivo, mediante el cual sabemos cosas o cómo debemos actuar ante una suituación, aunque no sabemos porqué. Este es un tema que me encanta, pero no sé nada. Seguro que hay por aquí alguien que, ya sea de manera científica o poética, podría decir más y mejor sobre el tema.

10:37 p. m.  

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