08 abril 2007

El cuidado de nuestra Tierra

Hoy no hablaré yo, dejo mi pequeño blog a Seatle, el gran jefe indio de los Dewamish de los pieles rojas que en 1819 envió una carta, un legado, a James Monroe, presidente de los Estados Unidos:

"El gran jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprar las tierras junto con palabras de buena voluntad... Queremos considerar el ofrecimiento porque bien sabemos que, si no lo hiciésemos, pueden venir los rostros pálidos a arrebatarnos las tierras con armas de fuego. Pero ¿cómo podéis comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea nos resulta extraña. Ni el frescor del aire ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podrían comprarse?... Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre: todos pertenecen a la misma familia... El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre... Vuestras ciudades hieren los ojos del hombre de piel roja. Quizá sea porque somos salvajes y no podemos comprender.

No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde pueda oírse en primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto... El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto: ¿qué clase de vida tiene el hombre que no puede escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas en torno a la balsa?... El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento: la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire... El aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida también recibe sus últimos suspiros... ¿Qué puede ser del hombre sin los animales? Si todos los animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad. Todo lo que le pase a los animales muy pronto le sucederá también al hombre. Todas las cosas están ligadas... Enseñen a sus hijos, que nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo se escupen a sí mismos... Si ensuciáis vuestro lecho, cualquier noche moriréis sofocados por vuestros propios excrementos... No entendemos por qué se saturan los rincones de los bosques con el aliento de tantos hombres... Nosotros amamos este país como ama el niño los latidos del corazón de su madre...".

¿Salvaje? ¿Primitivo? Que Dios te bendiga, Seatle.

4 Comments:

Anonymous Enamorada Escribió³...

Y a tí te bendiga tambien por poner esta carta a nuestra disposición.....y, sobre todo, por dedicarte a reducir la guerra que hay en tantas cabezas y en tantos corazones, porque éso es lo que haces, (y éso es un hecho irrefutable y los hechos mandan).

Importa infinitamente menos si algunos de tus artículos o de sus partes o de sus comas se acomodan a nuestra peculiar forma de interpretar las circunstancias....y de la polémica podemos todos salir ganando, para éso los haces.

9:43 a. m.  
Anonymous Anónimo Escribió³...

Sigo habitualmente el blog, pero nunca me habia atrevido a realizar ningun comentario. Sin embargo, el tema de hoy me ha llegado bastante dentro porque toca fibras personales. Os escribo desde Asturias, sitio que no necesita presentacion en cuanto a sus valores ecologicos y paisajisticos. Dicho paisaje, envidia de propios y extraños, es fruto de una elaborada colaboracion entre la tierra y los hombres que viven en ella. Los prados segados, las playas verdes, la alternancia entre bosque y pradera que hace del entorno un jardin descolgado del cielo en las laderas de una montaña. No solo el hombre ha modelado la Naturaleza de una manera armoniosa, sino que la Naturaleza tambien ha influido en la mas intimo del hombre, en el lenguaje. El Bable, lengua hablada en las comarcas mas rurales, es un lenguaje especialmente rico en nombres y toponimia. Practicamente la totalidad de los que podrian considerarse como "solo asturianos" describen los diferentes modos de ser de un prado, de las praderas; hay una multitud de nombres para designar los diferentes modos en el que el cielo da de beber a la tierra y como el agua se entierra en las profundidades para dar lugar a cuevas y oquedades pobladas por los primeros representantes de nuestra especie. Es imposible explicar al hombre en Asturias sin la Naturaleza, asi como es imposible contar la Historia Natural en Asturias sin hablar del hombre y sus costumbres ancestrales. Los dos son uno con el resto de la flora y la fauna.

Pero he aqui que todo esto esta cambiando de repente por la insercion de una especie no endemica: el constructor inmobiliario. Vivo cerca de Aviles, comarca ya castigada de por si por la degradacion ambiental, pero en un pueblecito, Corvera, que contaba con asentamientos ininterrumpidos desde la epoca Romana. En las laderas de sus montes, todavia habia caserias que se encargaban de segar la hierba todos los años, de dejarnos a todos los vecinos pasear por los campos, de vivir, en suma. Nos han expropiado a marchas forzadas varios millones de metros cuadrados para hacer chalets de lujo, un hotel de cinco estrellas y un camo de golf. Parece que a los ricos les gustan nuestros campos, pero sin nosotros, que hemos sabido conservarlos durante dos mil años. Ni siquiera han respetado la historia y se han cargado los posibles yacimientos arqueologicos, horreos y paneras varias casas tradicionales asturianas. No es solamente el perjuicio que todo esto acarrea, sino el vacio que te queda en el alma cuando ves semejante extension de terreno cubierta de gruas y con las entrañas al aire. Hay algo profundamente erroneo, profundamente cruel, profundamente obsceno en esa manera de relacionarse con la tierra. Para los del pueblo, que as sus ojos debemos ser como menos que el jefe Seattle, nos resulta incomprensible como puede realizarse algo asi y que sea legal. Algo profundamente equivocado esta ocurriendo ante nuestras narices con la misma estupefaccion que los indios americanos contemplaron su genocidio cultural y racial.

11:35 a. m.  
Anonymous A.B. Torres Escribió³...

Es bellísima esta carta de Seatle. Qué de cosas importantes hemos debido perder con el progreso, con el progreso y con nuestro egoísmo. Con ese afán de tener lo que no nos pertenece. Y , ¿para qué? Para estropearlo todo. Ciudades llenas de coches, de humos y de prisas. Todo el mundo corre por la ciudad, corremos y vivimos apiñados los unos con los otros, y ¿vivimos de verdad? . El que se siente solo en una ciudad se siente más solo que en ningún otro sitio. Todo es apariencia en las ciudades. El trabajo que cuesta encontrar un trocito de cielo azul entre los tejados. Y el agua alegre de los arroyos ¿dónde se esconde? El asfalto lo cubre todo. El agua, la hierba y las flores que crecen en los campos en primavera. Y que me decís de los animales con quien se supone deberíamos compartir la Vida. En jaulas, o paseando con correas y bozales por las aceras. Los más libres, los pájaros que pueden volar y jugar con el aire y el cielo.. Pero. ¿qué hago yo hablando de la ciudad? Con lo bonita que era la carta de Seatle...

1:57 p. m.  
Anonymous Anónimo Escribió³...

Estamos todos avocados a la destrucción.

En realidad, es lo que el ser humano se merece.

Tal vez la carta no haya sido escrita por un jefe indio, pero todo lo que pone es verdad. No sé si os habéis dado cuenta, pero el hombre blanco es el único que no respeta la naturaleza y se burla de ella. Los indios americanos fueron grandes amantes de la naturaleza y de su entorno. Al igual que lo son los orientales, los africanos (cuando les dejan), los esquimales auténticos, los indígenas que quedan perdidos por las selvas... Sólo el hombre blanco, el más poderoso, el más prepotente, el más agresivo y peligroso, arrasa los recursos naturales para obtener su asqueroso dinero, eso por lo que ahora todos somos unos esclavos. Sí. Eso es lo que somos. Modernos esclavos de nuestro tiempo, de una sociedad construida sobre sangre y podredumbre.

La única especie de este planeta que merece ser extinguida es la raza humana. Concretamente, el hombre blanco.

9:59 p. m.  

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