09 junio 2006

El teléfono móvil, el nuevo amuleto de la sociedad moderna.


Desde los albores de la humanidad, el hombre ha necesitado llevar algún objeto consigo. Aparte de las ropas, el calzado, los pendientes, las ajorcas o el sombrero, existe un artículo adicional que se porta en la mano o en el bolsillo; que se cuelga como un zurrón, una faltriquera o un llavero, que se agrega al cuerpo como una porción significativa del mundo exterior. A ese artículo lo representa ahora, por excelencia, el móvil.

El teléfono móvil antes era un símbolo de estatus, hoy es un estatus de símbolo (uno pertenece a la sociedad cuando tiene móvil). Lo raro de hoy es no tener móvil cuando hace 14 años lo distintivo era tenerlo.

Ha habido una extensión de su uso. En 1990 había 54700 abonados solo en la compañía Moviline. Actualmente el número de móviles supera al número de teléfonos fijos en Europa. Recientemente en los teledarios anunciaban que a día de hoy hay 44 millones de usuarios de móviles, o sea, que ya casi supera a la poblacion de España.

Pero lo que a mi interesa explicar es el aspecto psicólogico del teléfono móvil.

Este actúa con la misma potencialidad interpersonal que la presencia física pero la reduce o la fracciona cuando se quiere administrar discretamente la conexión. Es, en apariencia, un teléfono, pero traspasa sustantivamente las cualidades conocidas del teléfono convencional. El teléfono de cable nos fija al espacio. Sitúa al interlocutor en un lugar determinado, lo confina inequívocamente cuando marcamos mientras el teléfono móvil puede captar al sujeto en cualquier punto y, como consecuencia, su puntería conlleva una facultad mágica que siempre nos asombra en la comunicación al revés.

Ser localizado teóricamente en cualquier parte, casi sin limitaciones, provoca una sensación desconocida hasta ahora por la humanidad. Pero, a la vez, desconectar el móvil proporciona a su amo una impresión de fuga o de desaparición extremas que sólo habían procurado antes las grandes decisiones de dejar el mundo.

Ahora que muchos individuos dejan de fumar, el móvil recuerda la complicada función existencial que desempeña el paquete de tabaco. No es posible, siendo fumador, salir a la calle sin la cajetilla; viajar, reunirse, enamorarse, mantener contactos o negociar sin el paquete. Su falta nos colocaba en la inquietante situación de evidenciarnos desarmados, más débiles y solos. Pero ocurre todo igual con el teléfono móvil. Cuando el teléfono móvil no está, una de dos: o dejado por olvido nos recuerda desde su lejanía la enorme dependencia de su auxilio o abandonado deliberadamente nos induce a constatarnos como incompletos; seres empujados a ser extrañamente otros. El teléfono fijo, según las ocasiones, nos separa o nos acerca a los demás pero el teléfono móvil, además, nos acerca o nos distancia de nosotros mismos.

Aunque presumimos de independencia y autosuficiencia, valores que hoy la sociedad supuestamente fomenta, “pecamos” de una encarnizada necesidad de estar controlados, de ser localizables en cualquier momento del día, en cualquier lugar. Años atrás, nos conformábamos con poner un buzón de voz en el fijo de casa y el que llamará, de no contestar, que dejara un mensaje si le apetecía, sino, que llamara más tarde, en cambio ¿qué es hoy un día en el que te levantas tarde, sales con prisa, y olvidas el teléfono móvil en casa?, supone pasar todo el día hasta el regreso, perdido, desorientado... sientes que te falta algo... algo importante. Y por supuesto al volver a casa, no saludarás ni comentaras el día, sino que correrás como un desesperado a encender el móvil y más vale que no haya ninguna llamada perdida, sino el enojo será considerable: "vaya me han llamado ¿ves?, por que narices me lo habré olvidado, y si era importante”, pero qué sucede ¿es qué ahora la gente no sabe volver a llamar si el asunto es de importancia?, acaso ¿no puedes devolver la llamada?, no, no es eso, el quid de la cuestión es que estamos acostumbrados a que cuando tengamos algo que decir, o tengan algo que contarnos, el asunto sea transmitido inmediatamente ¿por qué?, por que estamos controlados, sino respondemos al teléfono de casa, lo haremos al móvil, si no ha habido suerte, con mucha probabilidad estemos conectados al Messenger, y de no responder inmediatamente en el cuadro de diálogo, ya nos dirá el “nick” si estamos comiendo, en el baño o al teléfono.

Llegado a este extremo y ansias por localizar, se han llegado a fabricar móviles para perros. Evidentemente como teléfono móvil no tiene mucho futuro a no ser que se entrene al perro para mandar SMS, pero el GPS incorporado sí que puede ser útil para evitar esos carteles en las farolas anunciando que se ha perdido un perro. El teléfono en cuestión tiene 3 botones de marcado rápido. Dos para llamar a los dueños (dos teléfonos distintos) y otro para el servicio de emergencias. Seguramente tenga éxito en EEUU donde las mascotas son tratadas como casi seres humanos (en algunos casos hasta mucho mejor), pero poco más.

El móvil es ya un producto de consumo popular y en la sociedad en la que nos toca desenvolvernos, calificada por algunos sociólogos como la 'sociedad del riesgo', contar con la posibilidad de pedir ayuda en cualquier momento resulta más que útil en situaciones a veces comunes o en otras menos frecuentes.

El móvil genera supersticiones. Llevarlo consigo es evitar situaciones problemáticas de riesgo. Uno se siente mas seguro, confiado y acompañado. De las personas que compran un móvil, el 59% se sienten mas seguros y acompañados; las mujeres, en el 60% de las ocasiones sacan el móvil cuando están solas. El móvil actúa como un pequeño salvavidas con antena o en un guardaespaldas de bolsillo.

Por mencionar algunos sintomas, entre los principales para detectar la adicción al teléfono móvil figura el gasto exagerado de la factura, que en algunos casos ha ascendido a 600 euros mensuales, el descenso del rendimiento escolar y laboral y el aumento de niveles de estrés y ansiedad dando lugar a la aparición de trastornos físicos y psicológicos.

Finalmente, el móvil es una especie de homoteca personal. Una especie de depósito donde se han reunido innumerables voces y emociones, todas apiñadas en el corazón del artefacto. La agenda más privada es menos a su lado. La agenda puede guardar la intimidad, contener apuntes de secretos, pero el móvil es en sí mismo un apéndice neocarnal, un material estratégico auténtico, un cofre en cuyo interior se guardan huellas fehacientes de confesiones y estafas en directo. Ya actualmente cuando un móvil se sustituye es preciso desalojarlo antes de mensajes, temblores, miserias, confidencias. Hay que hacer que arroje todo su interior fuera de sí para convertirlo en un órgano desinfectado y vacío, sino fijaros en aquel hombre malayo que cortó su pene para justificar su fidelidad ante su mujer, quien descubrió un SMS sospechoso en el móvil de su esposo.

No estaría nada mal que revisase su factura a menudo. Hay grupos terroristas que “clonan” el número de teléfono. Este el caso que le sucedió a Susan Drummond, una profesora de derecho de Toronto, que recibió una factura de 10.524 dolares con llamadas supuestamente realizadas desde su teléfono móvil a países como Pakistán, Siria, Libía, Rusia, etc.

En fin, las nuevas tecnologías nos invaden, así se nos presentan las cosas, y ahora os dejo que me está sonando el móvil.

Dedicado a mi colega, Mariano Catarecha.
Consumidor nato & beneficiario de Telefónica.

PD: Ver vídeo de reflexion acerca del teléfono móvil de D. Jesús Quintero

2 Comments:

Blogger Superman Escribió³...

Es cierto pero cierto, la verdad es que el perder el movil te puede causar una depresión y no solo por todo lo que nos comenta aqui nuestro amigo Prakash sino porque el perder la agenda de todo tus colegas eso duele mucho,jejeje. La verdad es que el recuerdo que tengo de hace 10 años es como si tuviera movil pero que va! no lo tenia y es que es dificil recordar aquella vida sin movil y eras igual de felices y mas libres. Bueno amigos consumidores tenemos ante nosotros un amigo que cuando queremos le cambiamos la voz, que cuando nos mosqueemos podemos guardarlo en un cajón y olvidarnos de el, que cuando no tengamos con quien hablar el siempre estará ahi, que cuando estemos aburridos tenemos una consola también y sobre todo NOS PODEMOS COMUNICAR ESTEMOS DONDE ESTEMOS. ¡VIVA EL TELEFONO MOVIL!

3:00 p. m.  
Blogger individual-ina Escribió³...

Muy acertado este post. No soy psicóloga, pero me doy cuenta de que fenómenos de adicción como con el móvil suceden también con otros "aparatos" domésticos. ¿Qué me dices de las relaciones interpersonales "congeladas" porque ahora lo más importante para muchas personas es poner toda su atención en la televisión? Yo soy una de los raros que no viven con una televisión DESDE HACE YA 7 AÑOS. Es tan simple como saber para qué es necesaria y para qué no. Saludos

6:12 p. m.  

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