05 junio 2006

Un toque de canela


Despues de pasar unos días en Madrid, regresé a Granada. Durante el trayecto en tren, pude disfrutar de dos grandes filmes, La casa de las Dagas Voladoras y Un toque de canela. Esta ultima no la ví antes, y a decir verdad, es una obra maestra.

Un toque de canela es una declaración de amor a la vida y al género humano; un bálsamo contra la crispación, y una sutil invitación a dejarse arrastrar de cuando en cuando por los sueños pendientes. Existen películas pensadas para conmover: no es éste el caso. Un toque de canela es una apuesta inicialmente personal que consigue penetrar en el corazón de los espectadores por el más resbaladizo de los caminos: la sinceridad. A través de una historia de partidas y añoranzas, Tassos Boulmetis realiza un retrato costumbrista y autobiográfico de la comunidad griega emigrada a Turquía, a poco de su expulsión de aquel país por motivos políticos durante los años sesenta.

No voy a hacer una valoración critica de la película, pues no es mi competencia, pero si voy a descifrar un poco lo que he aprendido y puedo enseñar a partir de ahora después de haberla visto.

El abuelo del protagonista, es un filósofo culinario y su mentor, le enseña que tanto la comida como la vida necesitan una pizca de sal para darles el toque de sabor que ambas requieren. El concepto de especia como metáfora me resulto bastante útil para hacer ver a una persona querida que en su vida hacia falta un toque de picante para estimular su actividad y no caer en la monotonía.

La sal y otras especias, ingredientes básicos en muchas comidas, y que en la antigüedad, su importancia era tal que fueron consideradas verdaderos tesoros e incluso se utilizaron como moneda de cambio. Se les atribuían propiedades mágicas, afrodisiacas y curativas. En la época romana se emplearon no sólo en la cocina, sino también como perfumadores de ambiente. En la Edad Media, Europa tomó contacto con Asia y descubrió sus productos y riqueza. A partir del siglo XIII, el comercio de especias estaba ya perfectamente organizado y llegaban a través de rutas transasiáticas terrestres y marítimas al Mediterráneo oriental, desde donde se distribuían por el mundo occidental. Los venecianos dominaron este negocio hasta finales del siglo XV, lo que les trajo gran prosperidad y riqueza. A día de hoy sigue siendo de vital importancia.

Nuestra acciones son los “platos” que ofrecemos, de modo que es nuestra competencia de hacer un buen o un simple y monótono plato. Digamos que usted es el “Chef de su vida”, por tanto de ti dependerá el resultado. En la vida, hay momentos que apetece un poco de dulzura y buen paladar, para ello, debemos condimentarlas con un toque de canela... a veces, necesitamos una pizca de sal, otras pimienta para darnos fuerzas. No se está de mal añadir un poco de azafrán, una de las especias mas cara del mundo... nos merecemos de vez en cuando un capricho. Si uno toma por hacer siempre el mismo plato, al final acaba por convertirse en un plato poco sabroso y poco apetecible... La comida es un elemento esencial para nuestra vida pero adquiere significado diferente. Por ejemplo mi buen amigo Juan decía que solo comía por necesidad sin embargo a mí me gusta comer por placer. Me gusta decorar mi comida, me gusta decorar mi vida, disfruto de una buena comida... cuando estoy triste, una buena comida junto con una buena compañía es el mejor antídoto que conozco ahora. Claro, como consecuencia de tanto buen comer, me ha pasado una factura de 101 kg... Ahora pues he restringido temporalmente ciertos alimentos para conservar una buena salud. Por eso te digo, que tampoco es bueno abusar de las especias... de las mismas actividades que haces o no... un buen plato es una mezcla de especias bien medidas... cuando sale fuerte es que nos hemos pasado, cuando no es sabroso, es que no hemos tenido en cuenta ciertas cosas que se nos han pasado por alto... y de manera metafórica así ocurre en nuestra vida.

Además las especias tienen componentes emocionales, ¿Cuántas veces, al sentir un olor procedente de la cocina, quizás de algo que se estaba cociendo en el horno, se ha encontrado reviviendo alguna escena de su infancia? Tal vez ese aroma le traía recuerdos de la cocina de su madre o de su abuela. El sentido del olfato está estrechamente relacionado con nuestra parte emocional y aquí el aroma, compuesto por la mezcla de la comida junto con las especias es un estimulo desencadenante. A menudo, un determinado aroma origina un torrente de emociones y uno se ve arrastrado por ellas, incluso antes de que la mente tenga tiempo de revivir las escenas relacionadas con dichas emociones.

Las propiedades físicas de las especias son innumerables, describir todas ellas sería como hacer una tesis doctoral. Pero sí podría decir que determinadas especias nos hacen sentir mas cómodo, relajados, tensos, alegres, apáticos, agrios, etc.

Así que querido amigo, ya sabes todo lo que tienes que hacer, te he dado la receta, así que usted mismo. Utiliza tus habilidades e imaginación. Permítame degustar un exquisito plato de tu parte ... un toque de canela no vendría nada mal.

Dedicado a mi buena amiga Rosa Mª López S.,
una maestra gastrónoma y del buen comer.


1 Comments:

Blogger Nuez_moscada Escribió³...

Mi querido amigo Prakash:

Un día quiso el destino que nos cruzaramos, naturalmente capricho del azar, canela como tú le llamas.

En esa andadura, nunca faltaron los aromas, ni las especias, ni la sal ni la pimienta, tampoco una buena mesa de tu mano, mi aprendiz de cocinero. Cocinar y deleitar ese era nuestro propósito.

Interminables jornadas gastronómicas que ponían a prueba nuestro estómago y con unos críticos, bien metidos en papel. Acuérdate, que no quedó títere con cabeza: ahí estaba Juan que probaba con mesura no se fuera a empalagar y qué me dices de Ana, que pinchaba con recelo el plato no le fuera éste a devorar... :-) Qué buenos ratos, amigo, que se nos brindó disfrutar!

Sabes, esta casa sigue abierta y sus fogones encendidos. Los menús de la vida siguen y debemos continuar. Todos esperamos tu regreso, Prakash.

Mucha suerte, amigo y como no,

Buen apetito!

Un abrazo.

11:47 p. m.  

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